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2019-12-08

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Equipo SaludActual

Falta de apetito sexual femenino: Como recuperar el deseo sexual

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Falta de apetito sexual femenino: cuando el deseo se apaga.Conozca las causas y tratamientos de esta patología común en las mujeres


Dentro de los problemas sexuales que puede enfrentar una mujer, uno de los más frecuentes es la falta de deseo sexual.

De hecho, se estima que en Chile más de un 50% de la población femenina entre 35 y 45 años sufre una disminución importante de su apetito sexual.

Las razones de esta carencia pueden ser múltiples, llegando incluso a considerar el acelerado ritmo de vida actual, el estrés, la rutina o los cambios, el nacimiento de un bebé, las preocupaciones por los hijos, el fallecimiento de un pariente, etc.

Así, esta multiplicidad de factores puede hacer que la mujer pierda temporalmente el interés en el sexo. El problema aparece cuando esta ausencia de deseo es permanente, ya que en este caso se trata de una patología con raíces físicas y/o psicológicas y, por consiguiente, no se logra la satisfacción.

Independientemente de lo anterior, existen distintos tipos de disfunción orgásmica en la mujer, y se identifican de la siguiente manera:

Disfunción primaria: Cuando nunca se ha tenido un orgasmo.

Disfunción secundaria: Se ha experimentado al menos un orgasmo en algún momento, pero no se logra en el presente.

Disfunción situacional: El orgasmo sólo puede ser alcanzado en ciertas ocasiones, mediante la masturbación o durante el sexo oral.

El origen de la patología

Es necesario remontarse en el tiempo y recordar que, a lo largo de la historia, el sexo siempre ha sido un tema controversial, y mucho más aún desde la perspectiva femenina. Así, desde épocas remotas fue concebido como un acto exclusivamente reproductivo, y en el caso de las mujeres era muy mal visto que experimentaran placer en un encuentro íntimo.

Por ejemplo, en el siglo XIX, se esperaba que las mujeres virtuosas de la clase media adoptaran la modestia, personificaran la pureza y carecieran de deseo sexual. La época victoriana en América transformó al ama de casa de clase media en una verdadera "defensora de la moralidad pública". Su lugar estaba en el hogar con los hijos, proyectando una imagen de inocencia, protegiendo la decencia y la posición social de su familia. De esta manera, se consentía el sexo con el esposo para procrear, pero bajo la menor frecuencia posible.

Este escenario cambió en la década de los sesenta, con el surgimiento de una revolución sexual, marcada por el descubrimiento de las pastillas anticonceptivas.

Entonces, el mundo tuvo en sus manos la opción de tener sexo sin fines reproductivos, y se planteó abiertamente su función placentera, siendo entendido además como un puente de unión y estabilidad para las parejas. A la vez, la presencia del deseo se convirtió en una condición esencial para el vínculo afectivo.

Sin embargo, quedaba pendiente comprender el proceso que provocaba el deseo en la mujer.

La ciencia y el placer

Hasta hace algunos años, los especialistas en este ámbito pensaban que la respuesta sexual de la mujer era lineal, similar a la del hombre. Es decir, que constaba de las etapas de excitación, orgasmo y período refractario.

Pero en la actualidad, se mantiene la llamada teoría Basson, que describe esta función femenina como un modelo circular. Desde el centro de este mecanismo se desprende la excitación y el orgasmo, aunque lo que desencadene el deseo sea una estimulación física directa. Se trata, por tanto, de una respuesta más compleja que la masculina.

A contar de este descubrimiento, se dio el pie para investigar por qué se produce la ausencia de deseo femenino.

En primer lugar y, por fortuna, hoy en día se ha logrado establecer que hasta un 50% de los casos tienen origen hormonal (trastornos endocrino-metabólicos, por presentar una deficiencia de la hormona testosterona, que también poseen las mujeres en bajas cantidades).

Así, en reiterados casos, las glándulas encargadas de producir las sustancias responsables del deseo, están alteradas. La buena noticia es que, para la mayoría de estas pacientes, esta condición se puede revertir con tratamientos sencillos (como la terapia hormonal). La glándula tiroides, la hipófisis y el ovario, figuran como las glándulas alteradas con mayor frecuencia.

De esta manera, y a medida que los estudios científicos van avanzando, se descubren cada vez más factores orgánicos que provocan la pérdida del deseo, dejando a las causas psicológicas en otro plano.

Cuando el problema está en el cerebro

Por extraño que suene, la falta de deseo puede tener su origen en el cerebro; en el aspecto psicológico.

En las mujeres que no documentan ninguna alteración hormonal, se debe analizar si el problema es reciente, o si lo han padecido durante toda su vida.

En el primer caso, es frecuente encontrar hitos importantes en la vida de la paciente, que explican su repentina pérdida del deseo. Así, la afección puede detonarse desde una crisis matrimonial, por estrés laboral, ansiedad por alguna situación personal, y un largo etcétera. Lo importante es que un especialista logre determinar el origen, para entregar un tratamiento dirigido a resolver la causa de fondo.

Si el conflicto es de larga data, o estuvo presente desde siempre, usualmente responde a una educación incorrecta que distorsionó la visión de sexualidad de la mujer, y donde se entendió este aspecto tan natural de la vida como algo sucio, prohibido, degradante o pecaminoso. En estos casos, una terapia psicológica adecuada (ya sea individual o en pareja, dependiendo del problema) suele resultar exitosa, aunque requiere de mayor tiempo para llegar a resultados óptimos.

Por otra parte, los síntomas de falta de deseo pueden derivarse de un cuadro depresivo. En ese caso, se debe consultar a un profesional del área.


La importancia de tratar la disfunción

Diversos aspectos de la realidad de una mujer pueden verse afectados debido a la carencia de deseo, no sólo en el ámbito sexual. De hecho, puede involucrar a más personas alrededor.

Por supuesto, las repercusiones que esta disfunción conlleva en la pareja o en el matrimonio, son enormes. Por ejemplo, el hombre experimenta un fuerte rechazo personal, se siente poco atractivo o ineficiente, y con frecuencia afloran los conflictos y enfrentamientos que tienden a alejarlo de su mujer. No es extraño que en algunas ocasiones, incluso él considere o lleve a cabo una infidelidad.

Desde la perspectiva femenina, la frustración de no poder excitarse, y evitar por tanto el contacto con su pareja, puede provocar depresión y ansiedad, entre otros problemas asociados.

Por esta razón, es de vital importancia acudir con un especialista, primero que todo para identificar si se trata de una patología orgánica (como las causas hormonales), o si bien hay un conflicto psicológico latente.

De todas maneras, lo relevante es tener presente que existen soluciones para la falta de deseo, y que una vez que se trata el origen, mejora no tan sólo la sexualidad, si no que se optimiza la calidad de vida general de la mujer.

 

 



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