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2019-12-08

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Bronceado sin protección: un peligro latente

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Tomar sol es algo muy relajante, sobre todo si es a la orilla del mar. Sin embargo, cuando lo hacemos de forma irresponsable podemos ocasionarnos problemas a la piel. Estos pueden ser estéticos como arrugas o manchas o tan graves como quemaduras y cáncer de piel.


 

 

Ser saludable implica tomar un poco de sol todos los días. El hábito de exponerse a esta fuente de luz natural nos ayudará a producir vitamina D, la cual es esencial para absorber el calcio en nuestros huesos. Y además de sentirnos muy bien, estimula la producción de endorfinas. No obstante, hay que tener cuidado.

En este sentido, los daños a la piel causados por la exposición sin protección pueden variar desde lo estético hasta enfermedades graves. Los problemas son causados por los rayos del sol que se dividen en UVA y UVB. Si bien la mayoría viene directamente del astro, estos también se reflejan en el agua, arena, vidrios, espejos o cualquier superficie que no los absorba.

Cuando no utilizamos protección como bloqueadores -mínimo de Factor Protector Solar (FPS) 15- en las partes de la piel más expuestas (cara, brazos, entre otras), pueden generarse inconvenientes como el envejecimiento prematuro de la piel (pérdida de la elasticidad, deshidratación profunda, etc.), arrugas y manchas, quemaduras y hasta cáncer cutáneo.

Una consecuencia directa y más a corto plazo es la quemadura por sí sola. Es cuando después de aproximadamente 24 horas de haberse expuesto de forma excesiva o sin protección al sol, la piel se pone roja, hinchada y duele al más mínimo contacto. También, en su expresión más intensa, pueden aparecer ampollas.

Asimismo, cuando es muy extensa o intensa la lesión, llegan a surgir vómitos, náuseas, dolor estomacal, fiebre y todos los síntomas de una insolación. En este caso, se requiere atención médica de urgencia.

Para este caso no hay tratamiento específico, pero se debe hidratar y tratar de bajar la temperatura de la piel con paños húmedos y compresas en las partes que no tengan ampollas -para evitar infecciones-. Además, un baño con agua entre tibia puede ser bastante útil.

Por otro lado, el bronceado también es una señal de una exposición excesiva a los rayos UVA y UVB. Y aunque parezca inverosímil, las cabinas solares o soláriums, del mismo modo, generan daño acumulativo en la piel. En este sentido, el color en la piel es provocado por el cuerpo para protegerlo del los rayos solares a través de una sobreproducción de melanina.

En otra arista, el envejecimiento prematuro de la piel, caracterizado por la deshidratación (luce seca), flacidez y delgadez de esta, está casi siempre acompañado por la aparición de arrugas y manchas marrones (hiperpigmentación) y claras.

Esto es debido a que el colágeno y elastina, responsables de las funciones estructurales y la elasticidad, respectivamente, se producen en menor cantidad o derechamente dejan de producirse por los daños causados por el sol.

Por último, el cáncer de piel aparece mayoritariamente en las zonas que son más expuestas al sol durante la vida. Se genera porque la acumulación de los rayos UV llevan a una mutación en el ADN de las células.

Los cánceres cutáneos más frecuentes son el carcinoma basocelular, carcinoma de células escamosas y el melanima maligno. Este último es el más grave.

En conclusión, es importante destacar que para poder disfrutar de un bronceado seguro, siempre se debe utilizar bloqueador solar o pantalla solar  (repetimos: nunca menor a FPS 15) dependiendo de la piel para evitar tantas molestias o enfermedades para mantenernos saludables.

 

Mireya Guzmán.

 



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